Nota de taller
Lijado a mano: granos, presión y errores comunes
Por qué lijar de más arruina la madera
Lijar a mano parece lo más simple del mundo hasta que uno barniza y aparece una raya que no se veía. La madera no perdona los atajos: cada grano tiene su función y saltearse uno se paga después, con la pieza ya armada y la lija guardada.
La secuencia arranca con grano 80 o 100 cuando la superficie viene muy marcada, con escalones de la sierra o restos de cola. De ahí se pasa a 120, después a 180 y se cierra con 220. Saltar de 80 a 220 deja rayas profundas que el barniz levanta y hace visibles. En muebles chicos como una mesa de luz o una caja de herramientas, ese salto se nota enseguida porque la luz pega de costado.
La presión tiene que ser pareja y siempre en el sentido de la veta. Los círculos quedan marcados aunque parezcan invisibles al tacto: cuando la pieza se apoya contra la ventana, aparecen como espirales. Si la lija se tapa con polvo, se golpea contra el banco o se cambia, no se insiste. Una lija muerta solo calienta la madera y arruina el filo del grano.
Antes de pasar al barniz conviene levantar la pieza a contraluz y palpar con la mano. Las zonas ásperas se sienten antes de verse. Si una esquina quedó dispareja, mejor volver un paso atrás y corregir que tapar el error con más producto.